¿Por qué salen los queloides?

Si alguna vez has tenido un piercing, una cirugía, una herida o incluso una pequeña lesión en la piel, probablemente hayas escuchado hablar de los queloides.
Pero ¿por qué aparecen? ¿Por qué algunas personas desarrollan una cicatriz que crece más allá de la herida original mientras otras cicatrizan sin problemas?
La respuesta está en la forma en que nuestro cuerpo produce y organiza el tejido durante la cicatrización.
Primero: ¿qué es un queloide?
Un queloide es una alteración de la cicatrización en la que el tejido cicatricial continúa creciendo y puede extenderse más allá de los límites de la lesión original.
A diferencia de una cicatriz normal, que generalmente permanece dentro del área donde ocurrió la herida, un queloide puede crecer progresivamente, volverse más grueso y adquirir una apariencia diferente a la de la piel que lo rodea.
Puede aparecer después de una cirugía, una quemadura, un trauma, una inyección o una perforación corporal.
Y algo importante: no todo bulto que aparece después de un piercing es un queloide.
Una inflamación, una irritación, una infección, una cicatriz hipertrófica o una reacción a la joyería pueden tener apariencias similares, pero no son lo mismo y requieren abordajes diferentes.
Entonces, ¿por qué aparecen?
La cicatrización es un proceso complejo. Cuando nuestra piel se lesiona, el cuerpo activa diferentes mecanismos para reparar el tejido.
Como parte de este proceso se produce colágeno, una proteína fundamental para reconstruir y fortalecer la piel.
En un queloide, este proceso de reparación se comporta de manera diferente. Hay una producción y acumulación excesiva de componentes de la matriz extracelular, incluido el colágeno, y el tejido cicatricial puede continuar creciendo incluso después de que la herida inicial ya haya cerrado.
Pero aquí está la parte importante:
No existe una única causa que explique todos los queloides.
Su aparición depende de una combinación de factores.
1. Predisposición individual
Algunas personas tienen una mayor tendencia a desarrollar queloides.
Esta predisposición puede estar relacionada con factores genéticos y con la manera particular en que cada organismo responde a una lesión.
Por eso, dos personas pueden hacerse una perforación similar y tener procesos de cicatrización completamente diferentes.
2. El lugar donde ocurre la lesión
Los queloides no aparecen con la misma frecuencia en todas las partes del cuerpo.
Algunas zonas tienen una mayor predisposición, como determinadas áreas del pecho, hombros, espalda, mandíbula y orejas.
Por eso también es importante valorar la anatomía y la ubicación del piercing, y no solamente la perforación en sí.
3. El tipo de lesión y el proceso de cicatrización
Una perforación es, al final, una lesión controlada de la piel que necesita atravesar un proceso de cicatrización.
Durante ese proceso pueden aparecer factores que aumenten la irritación o el trauma sobre la zona: manipulación constante, presión, golpes, tensión, problemas con la joyería o una infección, entre otros.
Esto no significa que estos factores sean, por sí solos, la causa de un queloide. Una persona con predisposición puede desarrollar uno incluso después de una lesión aparentemente pequeña.
¿Un piercing puede causar un queloide?
Sí, una perforación puede ser el desencadenante de un queloide en una persona predispuesta.
Pero es importante evitar una idea muy común:
No todos los bultos después de un piercing son queloides.
Cuando aparece una protuberancia alrededor de una perforación, primero hay que entender qué está ocurriendo.
Puede tratarse de inflamación, irritación, infección, una cicatriz hipertrófica, migración, incrustación u otra alteración de la cicatrización.
Por eso, antes de intentar tratarlo por cuenta propia, es importante realizar una valoración adecuada.
¿Se pueden prevenir?
No existe una forma de garantizar que una persona nunca desarrollará un queloide.
Sin embargo, conocer los factores de riesgo puede ayudar a tomar decisiones más informadas antes de realizar una perforación.
Si tienes antecedentes personales o familiares de queloides, es especialmente importante comentarlo antes de hacerte un piercing o cualquier procedimiento que implique una lesión en la piel.
También es importante que la perforación se realice con una técnica adecuada, condiciones apropiadas de bioseguridad y una joyería compatible con el proceso de cicatrización.
¿Y si ya apareció un bulto?
Lo primero es no asumir que es un queloide.
La apariencia por sí sola no siempre permite diferenciar un queloide de otras complicaciones de un piercing.
Si notas que una lesión está creciendo, cambiando, causando dolor, picazón, sangrado o molestias, lo recomendable es buscar una valoración para determinar qué puede estar ocurriendo y cuáles son las opciones disponibles.
No todos los casos se manejan de la misma manera y, especialmente cuando hablamos de queloides, el diagnóstico y el seguimiento son importantes.
Una última cosa
Los queloides no aparecen porque alguien haya hecho necesariamente algo «mal».
La cicatrización depende de muchos factores y cada cuerpo responde de manera diferente.
Mi interés en este tema nació precisamente de trabajar durante años con piercings y encontrarme con personas que tenían dudas, complicaciones o diagnósticos que no siempre estaban claros.
Hoy, además de mi experiencia en piercing, mi formación médica y mi trabajo de investigación me permiten abordar estas situaciones desde otra perspectiva.
Si tienes un piercing que está presentando una alteración en la cicatrización o una lesión que sospechas que puede ser un queloide, puedes contarme tu caso y agendar una valoración para revisar qué está pasando y orientarte sobre las opciones disponibles.
No todos los bultos son queloides. Primero hay que saber qué estamos viendo.

